La mujer de otro
Te escribo a ti, que no te he visto, que no se de tu existencia. Te dibujo en mi mente con trazos finos, frágiles, te adivino con una delgadez en relieve y una piel pálida, acentuada por el olvido de quien no conozco, del poeta de todas, del poeta que te ignora. No me conoces, aun así te doy vida mientras escribo. Aquí si existes, aquí tu rostro, tu cuerpo, cobran vida con cada palabra que escribo. No solo eres manos, eres un ser completo, sin embargo exangüe, etéreo, mi creación.
Vivirás en esta hoja de papel aun después de que sea rota, o aun si nunca es entregada, si no la lees. Sé que vivirás porque la curiosidad del poeta podrá más, y te dará vida a través de estas líneas, fingirá que no importa, pero, sin saberlo, te imaginará como yo te imagino; así vivirás por siempre, como la novia abstracta, dibujada desde mi perspectiva, antes tan dispersa y ahora tan nítida como fantasmas que encarnan.
Tu belleza radica en el imaginario de quien te escribe, en mi imaginario, en el imaginario del poeta que te vera como yo te veo, y que, de ahora en adelante, te vera con mis propios ojos, como quien puede ver fantasmas.

Me llegó. Lograste plasmar lo que todos en algún momento sentimos pero que pocos expresamos: el conocimiento de ese ser amado aún sin ser visto. :)
ResponderEliminar