Saúl e Isela llevan tres años de novios. Han planeado su boda para este año, solo faltan algunos detalles por arreglar. Se conocieron en myspace. Ella vive en Texas y él en la ciudad de México.
Aunque viven separados, Isela procura visitar a su prometido tres veces al año o las veces que su sueldo se lo permita. Tienen una hija, se llama Sandra, por supuesto, vive con su madre.
“Todos vienen a Estados Unidos y yo me voy. Ellos vienen en busca de un sueño, yo me escapo de esta fantasía”, decía Isela radiante. Los enormes ojos azabaches de Isela despiertan en Saúl una docilidad contrastante a su semblante de granito.
Saúl la escucha en el teléfono. Siempre lacónico. Sabe que sus vidas están a punto de juntarse. No habrá más boletos de regreso; únicamente dos boletos a la felicidad y a la paternidad negada durante ocho meses.
“En el trabajo organizaron una fiesta, quieren que vaya”, le dice Saúl a Isela, “es hoy por la noche”, “¿Regresaras temprano?” Acostumbraban hablar por teléfono casi todo el fin de semana. “No creo, esta muy lejos, regresare por la mañana, no me esperes”.
No me esperes, Había dicho Saúl sin reparar en que lo habían esperado desde hace ya tres años.
La fiesta fue en una casa de Atizapán, en la falda de un cerro urbanizado por la necesidad de la población.
Saúl no suele tomar de más, no obstante tenía un motivo más allá del cumpleaños de una compañera de oficina para celebrar: era su próxima boda y su flamante estreno como padre de tiempo completo.
Él ama tanto a su hija que, la única semana que pasaron juntos, no la soltó ni un momento. Su instinto paternal era por momentos ridículo, ya que pretendía, inconcientemente, ser madre y padre al mismo tiempo, aun estando Isela a su lado.
Ella le permitía estas agresiones a su figura maternal, porque a sus ojos él era un niño emocionado por ser padre, un niño desbordado de felicidad, un padre amoroso.
El alcohol hacia remembrar a Saúl todos los momentos que había pasado con Isela; eran en realidad muy pocos, pero preciosos para él.
Pasó de una efímera alegría a una repentina amargura. Salió de la casa, ahora le parecía un ambiente sofocante, y, entonces, sucedió…
Escuchó una voz familiar. La voz venia de la casa de enfrente, una casa que tenía sus cimientos en la base del cerro pedregoso y su azotea sin barda, a unos metros del portón de la fiesta.
Lo que Saúl vio esa noche nunca se borrara de su mente: era Isela y su hija Sandra. Ella cargaba a Sandra y sonreía. Ambas lo veían. Saúl quedó boquiabierto; lágrimas brillantes brotaron de sus ojos, no emitió palabra alguna. Corrió a abrazarlas y su cabeza se estrelló contra las piedras de abajo. Había caído más de cinco pisos. Murió con el semblante impaciente, ansioso y ahora tendrá que esperar mucho más tiempo para verlas.
ahhhh :( esta super lindo esta entre tu realidad y tus sueños man.... i love it! :D
ResponderEliminar"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí"
ResponderEliminarlo improvisado sale mejor...sigue escribiendo bryan!! espero con ansias la siguiente entrada :) ^^
No ma...
ResponderEliminarq poca la tuya,xq lo matas al pobrecillo...
avcs la vida es demaciado injusta y uno q casi no c la coimplica,pero aun asi t qedo al pedo ...