Vivo en la calle pétalos en el centro histórico de la ciudad de México. Llevo bastante tiempo viviendo aquí. Ahora que lo pienso, parecen siglos. La casa es de tres pisos. Me gusta ver pasar a las personas por la calle. Me acerco a una ventana y veo a toda clase de gente pasar, ellos nunca me ven a mí. Nunca se detienen, siempre llevan prisa.
No soy el único que vive aquí. Esta la señora Josefina y su pequeña hija Noelia. La señora Josefina parece estar siempre triste. No se que le habrá pasado o que habrá hecho, lo cierto es que, por las noches, invariablemente, la escucho sollozar amargamente.
La pequeña Noelia disfruta de correr por toda la casa, siempre esta activa, de buen humor. A pesar de que tiene una fea cicatriz que recorre todo su cuello de forma horizontal, es muy hermosa. Creo que necesita amigos, hace tiempo que no juega con nadie. La he visto en la ventana del ático sonriendo a la gente que pasa, los invita a la casa. A ella, a diferencia de mi, le gusta que los peatones la vean.
Algunos la señalan asombrados y, después, apresuran el paso, se van. Hay alguien más que vive en esta casa: el señor Francisco. Nunca sale de su cuarto. Solo en las noches se abre la puerta de su cuarto. Nunca he estado ahí adentro. Tampoco cruzo palabra alguna con él.
Noelia le tiene mucho miedo. Se esconde en los pisos de arriba cuando el señor francisco sale de su horrible cuarto. La señora Josefina también lo evita. Nunca lo ve a los ojos. Aun a mi me desagrada bastante su aspecto. Me da miedo.
La señora Josefina, que bien podría ser una señora de la aristocracia, lo digo por sus ropas elegantes, tiene costumbres extravagantes. Todas las noches, antes de que el señor Francisco despierte, cambia los muebles de lugar. Escucho como mueve las sillas, la mesa, tira algunos trastes; después se encierra en su habitación donde generalmente permanece hasta el amanecer. Es ahí cuando la escucho llorar.
Ayer tuvimos visitas. En la tarde, unos estudiantes de preparatoria entraron a nuestra casa. Eran tres hombres y dos mujeres. ¿A qué habrán venido? Una de las muchachas dice que ya se deberían ir, el más alto de los hombres ríe. Noelia los observa con atención, desde arriba, como yo.
De las dos mujeres las mas hermosa es sin duda la de menor estatura. Su cabello dorado desciende hasta su cintura. Los hermosos ojos de jade vivo se notan inquietos. Estoy a punto de bajar a recibirlos y, entonces, escucho su nombre: “Julieta”.
El nombre hace un eco terrible en mí, un eco que me paraliza. Demasiado tarde, se han ido. ¿Tendrán algún asunto con el señor francisco? De cualquier forma el no salió a recibirlos.
Es de noche, afuera escucho a los pétalos bailar con el viento de la noche hasta que el sol aparece otra vez.
Julieta, Julieta, Julieta. ¿De donde te conozco? ¿Por qué no dejo de pensar en ti?
El ambiente de la casa se respira tenso, casi opresivo. Todo el día he estado tratando de evocar mis recuerdos más antiguos. Es extraño, no puedo recordar más que vaguedades, algunas tenues luces en esa eterna sombra que se ha vuelto mi memoria.
Hace tiempo, no recuerdo con exactitud, venia un sacerdote a hablar con el señor Francisco, venia casi diario. Un día discutieron y el sacerdote jamás regreso. Desde aquel día, el señor Francisco se encierra en ese molesto cuarto, ese cuarto que esta en el piso de abajo, enfrente de la sala.
Aun quedan una o dos horas de sol y sucedió… Julieta ha vuelto. Esta vez son quince muchachos entre hombres y mujeres. Traen bebidas y música. Bajare a hablar con Julieta. ¡Mi puerta no se abre! Escucho a la señora Josefina, se ve inquieta, parece que las visitas le molestan. Mueve los muebles de la parte de arriba, los deja caer. La música impide que alguien escuche.
Noelia ha bajado a saludarlos. Tres de las mujeres la miran azoradas. Un grito horrible se escapa de lo más profundo de una de ellas. Noelia se asusta y se pone a llorar. Su madre baja. La reunión se vuelve un caos. Josefina se lleva a Noelia a la parte de arriba. Se encierran en su habitación, y durante toda la noche no vuelven a salir.
Uno de los hombres intenta abrir la puerta que da a la calle. No abre. La puerta que esta enfrente de la sala se abre de golpe. Todos gritan atemorizados. El señor Francisco sale de su encierro, un odio inmenso se proyecta en sus ojos. El mismo odio con el que discutió con el sacerdote.
Con sus desproporcionados brazos golpea a los estudiantes, sin importar que sean hombres o mujeres. Todos caen muertos. El señor Francisco recoge las piernas y otros miembros desprendidos y se encierra con ellos en su cuarto.
Mi hermosa Julieta, siento tu respiración acercándose. ¡Pudiste escapar sin que te vieran! Entras a mi habitación y te encojes en una esquina. Me miras y tu cuerpo se endurece. Tus ojos se abren tanto que parece que se saldrán de sus cuencas. Yo no digo nada. ¿Qué hay que decir? Estoy feliz. La puerta solo se puede abrir por fuera. Aun respiras y la noche es larga…
sábado, 6 de febrero de 2010
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¡caray bryan! muy buena entrada ¡eeeh! esperaba otro final jeje despues charlamos de las altenativas, enserio muy buena ... ¡sigue!!
ResponderEliminarjaja stuvo heavy! m gusto... y el final bien inesperadoo! like it
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